Javier Alonso, promotor del primer cibercafé de Bilbao

28/09/2015 | Comentarios desactivados en Javier Alonso, promotor del primer cibercafé de Bilbao    e-Bilbain@s

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Hoy en día un alto porcentaje de las cafeterías y bares bilbaínos ofrecen de manera gratuita conexión inalámbrica a internet. Sin embargo, la comúnmente denominada wifi, aunque muy demandada, es un servicio reciente cuya imprescindible necesidad, hace tan solo unos años, ni siquiera podíamos imaginar.

Santiago Javier Alonso Domínguez, en cambio, sí supo ver la oportunidad y en febrero de 1996 puso en marcha el primer cibercafé de la ciudad. «Me fascinaba internet y sabía que en Madrid habían abierto uno y que en Londres ya existían», así que este uruguayo con doble nacionalidad y, desde 1978, residente en Bilbao (la ciudad natal de sus aitas), decidió otorgarle un valor añadido a su recién abierto bar, y ofrecer un servicio de conexión a Internet. «Empecé con cuatro ordenadores Pentium, lo último del momento, y llegamos a once», recuerda Alonso.

El local se ubicaba frente a la Escuela de Ingenieros y por eso el empresario pensó que la mayoría de sus clientes serían estudiantes. Pero Internet seduce a todos y se sorprendió al comprobar que la clientela era muy diversa: «niños con sus padres, abuelos, mujeres. En general, todo tipo de público y edades». Entonces el servicio no era gratuito y una hora de navegación costaba cien pesetas, aunque Alonso tuvo la idea de crear bonos de diez horas que resultaran más económicos. En cuanto a los usos, «la cuestión era navegar, pero sin duda alguna, la pornografía y el ligoteo era lo más extendido», añade.

Como recuerda este emprendedor, en aquella época las conexiones a internet resultaban costosas y, además, era necesaria una segunda línea para evitar que el teléfono comunicara mientras se navegaba. Por eso, «poca gente podía tener una conexión en casa, así que la idea tuvo éxito durante algunos años», asegura. Después, las cosas siguieron su curso y todos somos testigos y ejemplos de lo que ocurrió. Internet se popularizó y los usuarios tuvieron conexión en el trabajo y más tarde en su propia casa. Alonso retiró la mayoría de los ordenadores y los tres que quedaron sirvieron para que los turistas pudieran conectarse gratuitamente.

Por fin, los cibercafés, al igual que otros negocios como los videoclubs, aunque a una velocidad mayor, casi fulgurante, entraron en fase de extinción. Por supuesto, siempre podremos encontrar alguna reminiscencia de ese pasado tan cercano que la velocidad del desarrollo tecnológico ha situado tan lejos. Descubrir el ciberespacio a través de un ordenador de sobremesa y tomando un café en el bar de la esquina fue un placer que, seguro, unos pocos todavía disfrutan en algún rincón de la ciudad.

Pero por norma, en la actualidad, hablar de un cibercafé resulta incluso redundante, pues la mayoría de ellos lo son porque ofrecen conexión gratuita a sus clientes que, por supuesto, no utilizan mastodónticos ordenadores, sino tablets, portátiles o smartphones para navegar, conversar, informarse, difundir o, incluso, trabajar.

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